Entesitis: causas y síntomas
La inflamación de la porción del tendón que se une al hueso asociado, conocida como entesitis, dificulta incluso las actividades más simples.
Por el Dr. Luigi Manzi·Actualizado el
Los tendones de la planta del pie se encuentran entre los que presentan mayor riesgo de desgaste excesivo. La inflamación de la porción del tendón que se une al hueso correspondiente, conocida como entesitis, dificulta incluso las actividades más sencillas, como caminar o estar de pie.
Los microtraumatismos repetitivos, el uso excesivo, las anomalías estructurales del pie o la presencia de una enfermedad articular generalizada (como la artritis reumatoide) pueden causar entesitis. Además del dolor, que es el síntoma más común y fácilmente identificable, esta inflamación puede causar disfunción motora en el músculo o la articulación afectada.
Complicaciones de la entesitis

La entesitis puede provocar diversas complicaciones que afectan diversas partes del pie, como la planta del pie, el tendón de Aquiles o los dedos. En estos casos, causa inflamación significativa en la zona afectada y dolor o rigidez en el músculo unido a la entesis. Si la inflamación no se trata adecuadamente, pueden formarse calcificaciones que podrían comprometer la elasticidad del tejido conectivo fibroso o causar la deformación del hueso donde se inserta la entesis.
Hay casos en los que, sin el tratamiento adecuado, la entesitis se vuelve crónica y se manifiesta cada vez que el paciente mueve la región anatómica afectada. Esto inevitablemente compromete el desempeño normal de las actividades cotidianas, pero también podría comprometer la salud del tendón muscular, provocando daño permanente.
Tratamiento de la entesitis

Consultar a un especialista es fundamental para un diagnóstico preciso. Tras una historia clínica completa y una descripción detallada de los síntomas del paciente, se pueden solicitar pruebas diagnósticas instrumentales como radiografías (si se sospecha una fractura) o ecografías (si se sospechan lesiones de tejidos blandos).
Para limitar el dolor, se suelen recetar antiinflamatorios y analgésicos para ayudar a detener el proceso inflamatorio. Si estos son insuficientes, se pueden utilizar inyecciones de corticosteroides. Como último recurso, si el tendón ha sufrido daño o lesión (ya sea por entesitis crónica o por traumatismo agudo), puede ser necesaria la cirugía.
La mayoría de los casos de entesitis se resuelven con tratamientos no quirúrgicos y terapias conservadoras. Durante la fase aguda, se recomienda reposo absoluto para reducir la carga sobre la zona dolorida, aliviando así el dolor y la inflamación. También se recomiendan ejercicios de fisioterapia específicos para mejorar la flexibilidad y fortalecer los músculos de las partes afectadas del pie.
Con un tratamiento oportuno, la mayoría de los casos de entesitis se resuelven con éxito. Cuando la entesitis se vuelve crónica, puede ser necesaria una cirugía para extirpar el tejido dañado y restablecer la continuidad original entre el tendón y el hueso.
Para recibir apoyo especializado, reserve una consulta con el Dr. Luigi Manzi para obtener un diagnóstico preciso y un plan de tratamiento personalizado que alivie el dolor intenso causado por la entesitis.
¿Cómo prevenir la entesitis?

Generalmente se recomienda tomar medidas para reducir el estrés y la fatiga, previniendo así la entesitis. Un estilo de vida saludable, una postura correcta y la actividad física son los consejos más importantes. Mantenerse activo y hacer ejercicio permite preparar mejor los músculos, tendones y ligamentos, y minimizar el riesgo de lesiones previene el estrés excesivo en las articulaciones.
Además, siempre es una buena idea realizar ejercicios de estiramiento y fortalecimiento, así como utilizar zapatos con amortiguación y plantillas personalizadas, especialmente si caminas mucho.
Deporte y entesitis: cómo manejarla
Si bien la actividad física es importante, la entesitis suele estar relacionada con lesiones traumáticas o por sobrecarga funcional durante la práctica deportiva de alto nivel. Para minimizar el riesgo, lo mejor es variar la intensidad de los entrenamientos y evitar sobrecargar las articulaciones.
